sábado, 17 de septiembre de 2005

La balada del soldado - jueves 22 de septiembre 2005






La balada del soldado





Director: Grigori Chukhrai. 1960. URSS. B/N
Intérpretes: Vladimir Ivashov (Alyosha), Shanna Prokhorenko (Shura), Antonina Maximova (madre de Alyosha), Nikolai Kruchkov (general), Maksimova (madre de Alyosha), Nikolai Kryuchkov (general), Evgeni Urbanski (soldado inválido)
La balada de un Soldado cuenta la historia de un joven soldado soviético de comunicaciones en plena II Guerra Munidal, que logra destruir 2 o 3 tanques con un rifle AT y al cual por este hecho le van a conceder una medalla. El en revés de la medalla pide que le den un par de días de permiso para volver a su casa a reparar el techo. Aquí comienzan las aventuras de este soldado para llegar a casa, de polisón en algún tren o pidiendo aventones, donde conocerá a una bella joven…
Esta película representa lo mejor de la cinematografía soviética.

De ahí el éxito de La Balada del Soldado, premiada en Cannes, Estados Unidos, Inglaterra, Italia y la propia URSS. Georges Sadoul, que fue un crítico confiable, que gozaba de gran prestigio por aquellos años, llegó a decir en su “Historia del Cine Mundial” que se trataba una “lírica historia de amor entre el desconcierto y los dramas de la última guerra, pintados con una verdad sin afeites”.

La Balada del Soldado abre con una escena cotidiana en un pueblito ruso. Una mujer de mediana edad recorre el camino principal ante la mirada de una pareja joven. Se detiene en los linderos del pueblo, como esperando la llegada de alguien, y es entonces cuando el narrador, que no volverá a aparecer, nos informa que la mujer espera a su hijo, que marchó al frente para pelear contra los nazis. La voz del narrador, menciona al final de la pelicula, que el joven no regresará jamás y que ahora yace en otro pueblo muy lejano, de nombre extranjero, como tantos otros soldados desconocidos que murieron para proteger a su patria.
Lo que veremos a lo largo de la cinta es un largo “flashback” donde se narra un episodio de la vida de este soldado que servirá para ejemplificar el sacrificio de los veinte millones de rusos que se enfrentaron al ejército alemán. A su vez, el prólogo le da al relato un sentido trágico que de otra forma lo reduciría a una anécdota banal.
Alyosha obtiene el permiso para regresar durante unos días a su casa tras destruir, más bien por accidente, un par de tanques alemanes. Durante el viaje Alyosha encuentra a varios personajes que simbolizan a la población rusa que derrotó al ejército de Hitler (aunque los gringos crean que lo hicieron ellos solitos). Si bien Chujrai y su co-guionista Valentin Yezhov se preocupan por mencionar algunos aspectos negativos, predomina el optimismo y se insiste en la integridad del pueblo soviético. Los soldados del Ejército Rojo pueden reaccionar con incredulidad ante las hazañas de Alyosha, pero los oficiales siempre están dispuestos a ayudarle. Un guardia encargado de vigilar un tren cargado de heno puede extorsionarlo y amenazarlo con denunciarlo ante el teniente, a quien describe como una bestia, pero el egoísmo siempre es castigado en la película de Chujrai.
Casi todos los personajes que Alyosha encuentra al recorrer Rusia, los miles de hombres que se aprestan a defender su patria, son creíbles. Desde una amable “bábushka” que acepta transportar al muchacho en un destartalado camión a pesar de llevar dos días sin dormir, hasta el soldado lisiado que teme regresar con su esposa temiendo ser rechazado… y que es regañado al instante por la empleada de una oficina de telégrafos. La única excepción es Shura, una jovencita que viaja de incógnito en el mismo vagón de carga de Alyosha y que muestra una gama de emociones mayor incluso que la del protagonista nominal. Liberada de la carga de representar el sacrificio de un pueblo, Shura es sólo una muchacha que representa para Alyosha la posibilidad de encontrar el amor en medio del caos de la guerra. Al mismo tiempo el personaje significa la irrupción de una trama secundaria que, como suele suceder en el cine clásico, es en apariencia menos importante que la trama principal pero que es en realidad lo que hace posible la transformación del héroe. El trayecto que emprende el ingenuo soldado de 19 años con la única intención de reparar el techo de la casa de su madre lo pone en contacto con un mundo más amplio que el de su pueblo natal, llevándolo incluso a pensar por un momento en abandonarlo todo para seguir a Shura.
Chujrai hizo bien en seleccionar a estos dos jóvenes para interpretar a sus personajes. Cierta grandilocuencia afecta a la fotografía, que busca siempre la contundencia cuando le vendría mejor al relato un lenguaje visual más sobrio. Complementan el cuadro un montaje que todavía entonces le debía demasiado a las teorías de Eisenstein y una música que siempre sobrepasa en dramatismo a las imágenes que debería acompañar. Un ejemplo claro de esto es la secuencia en la que Alyosha baja del tren buscando agua y se encuentra a un grupo de obreros −mujeres, niños y ancianos− que escuchan un noticiero que los mantiene al tanto de las batallas libradas en el frente. Aquí un “travelling” nos revela cada uno de sus rostros, que nos muestran un compromiso mas alla de de lo que comunmente nos entregan las cintas epicas de tinte belico.



Hay algunos momentos en los que se anuncia la llegada inminente de la “nouvelle vague” y su libertad formal. Uno es al principio, cuando Alyosha huye de un tanque alemán que le pisa los talones y el “top shot” que los retrata se empeña en seguirlos hasta que la imagen se invierte, sugiriendo de manera eficaz el pánico del muchacho. Otro es el uso de la profundidad de campo en la escena que nos muestra al soldado lisiado alejándose por el andén, con el golpe de las muletas sobre el piso como manifestación de su confianza recuperada. Un uso del erotismo, cuando Alyosha espía a una desprevenida Shura mientras ésta se quita las medias, y entrega una tendencia del cine de la URSS a equilibrar el exeso de comercializacion de la sexualidad en los filmes occidentales, como una constante de “Mosfilm”, y cuando Shura toma agua de un grifo y se moja media cara, apuntan a lo que una película en un contexto muy diferente, pretende llegar como canal de comunicacion y arte para el publico.
La Balada del Soldado puede verse hoy con agrado, entre otras razones, por tratarse ( en una parte de la trama ) de un simple fugaz encuentro de dos personas en medio de un conflicto de una escala mucho mayor.

ver segmento de la pelicula:

http://youtube.com/watch?v=hhw3I6M21fc